domingo, 29 de octubre de 2017

LAS OBSERVACIONES ASTRONÓMICAS DE LOS HINDÚES


De muy pequeño en la escuela oí que los hindúes pensaban que el mundo estaba sostenido por cuatro elefantes que reposaban sobre la concha de una tortuga que navegaba en un mar de leche. Ciertamente que mi imaginación solo entendía de imágenes nada más que no entendía cómo una tortuga de coraza dura pudiera sostener a cuatro elefantes ni mucho menos que sostuvieran al mundo tan colosal.

Hace unos días me levanté temprano (a eso de las 3 o 4 a.m.) para ir al baño y al mirar a las estrellas pude distinguir la silueta de la tortuga (sus cuatro patas y cabeza) en la constelación de las que conocemos como Tres Marías, de Orión, del Jaguar macho Chavín (o el caimán ancestral o primigenio), la araña Nazca o la figura que fuera. Luego se me vendría a la mente las estrellas en forma de cola de mono de la constelación Nazca o del escorpión primitivo peruano (desaparecido) o del jaguar hembra Chavín, que visto en perspectiva imaginaria tiene la forma de trompa de elefante de la cual la cabeza se puede configurar de alguna manera.

Sabía desde adolescente mientras estudiaba en el colegio que el nombre de nuestra galaxia la Vía Láctea derivaba de aquella suerte de mar sobre el que navegaba dicha tortuga.

Los astrónomos de Chavín establecerían los cuatro jaguares en una etapa posterior de apogeo y desarrollo. Los hindúes harían algo equivalente salvando las distancias pero no las coincidencias mentales ni mucho menos los mismos fenómenos astronómicos observables a simple vista. El caimán ancestral peruano (incluso centro y sudamericano), en la India tendría su contraparte función poderosa en la tortuga.

La causalidad en ambos animales estriba en que son reptiles, ambos se reproducen por huevos y viven tanto en el agua como en la tierra. La diferencia estriba en que el caimán es más fiero y salvaje que la tortuga. El entorno natural-social habría determinado en cierto sentido la racionalidad filosófica religiosa de determinadas comunidades primitivas y ancestrales. Como se menciona en Wikipedia, en la india no saben con certeza cuándo dejaron los sacrificios humanos para sustituirlos por la de animales y cuando la de animales las abandonó para practicar la ‘no violencia’, algo que en Sudamérica no llegó a concluirse pues se sustituyó, se impuso por la violencia la racionalidad filosófica religiosa del cristianismo.

Hay una coincidencia naturalista en la visión del mundo entre Chavín e hindú solo que en esta última se desarrolló con más sutileza, más imaginación, más subjetivismo y “poesía” que guardan ciertos ‘acercamientos’ con diversas teorías científicas modernas. Léase: https://es.wikipedia.org/wiki/Cosmolog%C3%ADa_hinduista

Cuestiones que sobrevivieron al paso de la historia como no sucedió en el Perú del que fueron destruidos muchas evidencias astronómicas ancestrales por la oligarquía de la Iglesia católica en su proceso de colonización geopolítica en América.

Según parece se interpreta por algunas personas que la serpiente hindú denota un universo limitado o finito, contenido, cerrado (como hace alusión Albert Einstein) en contraposición con la concepción griega de un universo infinito. Pienso que la serpiente denota continuidad del movimiento del universo (el símbolo griego del infinito “” podría haber sido adoptado de la serpiente como el caso de la serpiente hindú que muerde su cola), es decir, de la materia en el cosmos, y que sería la concepción primigenia y primaria de los hombres primitivos en esa zona del Asia o de las primeras civilizaciones socio-astronómicas como sucedió con la cultura Chavín donde el caimán ancestral (la constelación de las Tres Marías o de Orión) era el que determinaba las relaciones sociales de producción, de vida, y de conceptos filosóficos racionales político-religiosos que  definían a dichas organizaciones político-religiosas en el antiguo territorio peruano, conceptos que también estaban en transformación, en evolución y que expresaban diversas etapas de desarrollo social.

Dicha percepción finita estaría mal interpretada más que nada por una concepción mecanicista y estática (no dinámica) del movimiento que denota una serpiente al moverse en una suerte de ciclos u ondas como caracteriza hoy en día el movimiento del Sol (y nuestro sistema solar) alrededor de la Vía Láctea (movimiento en espiral o toroide).

Esta constelación primigenia ancestral de la serpiente asiática que bien pudo haber predominado también en zonas de Europa, representaría periodos de organización social-astronómica asociados a la bestialidad (canibalismo, sacrificios u ofrendas humanas) en el contexto de la humanización progresiva del hombre y sus diversas formas ancestrales de organización social (suerte de ocupación geopolítica del mundo, que incluso  hoy en día sigue determinando la coyuntura global geográfica y política de las guerras entre las sociedades por el control de los recursos naturales para la sobrevivencia). La serpiente en Chavín solo simbolizaba el tiempo, los días provocados por los rayos solares (representado por los cabellos del rostro del Lanzón o Dios Sol que en términos de divinidad no tiene nada que ver con la sub diosa Medusa europea si bien hay similitudes por el servicio religioso-astronómico que representaban determinadas clases sociales Chavín seguidores del Sol).

Luego a través de la historia y de la evolución y desarrollo del pensamiento asociada a ésta (como se manifiesta en el Materialismo Dialéctico e histórico de Marx y Engels), la serpiente (como símbolo y forma de organización social humana primigenia) sería despreciada y tratada de ser borrada del pensamiento racional humano pues era vista como una suerte de contaminación mental que provocaba no solo desviaciones (perversiones) en el pensamiento sino en las formas de administrar y dirigir la vida de las sociedades. Las alegorías con respecto a la serpiente (la bestia divina ancestral) serían transmitidas incluso a través de relatos históricos como en el Génesis sobre el paraíso o edén del que derivaron Adán y Eva y toda la parafernalia religiosa de los dioses humanos (humanizados) centralizado en las diversas formas de pensamiento religioso existentes en la actualidad.
La europea-asiática alegoría evolutiva de la humanización de la especie animal llamada hombre (se “interpreta” como que allí “comienza”, “empieza” la vida, el “Génesis”). La serpiente como símbolo filosófico religioso (según la Biblia judía) del origen de los males de la humanidad, e inconsciente de la sabiduría, del conocimiento (el tiempo, los días, la “luz”, la iluminación para el ingreso al “extra corpóreo” mundo del bestial ancestral Dios Sol en proceso de incipiente humanización para los Chavín).


En el periodo Inca, la emergencia de Pachacútec denotaría la necesidad de la imposición mediática imperialista del Dios Sol ancestral como centro del universo, como una concepción oportunista y mediática de recurrir al caimán ancestral para dar unidad aunque sea relativa a la integración de las zonas conquistadas por ellos, caimán ancestral derivado en la serpiente o Amaru tal y como sucedió entre las culturas Mayas y Aztecas (denotado por una suerte de dragón o serpiente alada), adopción oportunista dado que la racionalidad humana-divina (todavía en definición, en construcción y posesionamiento) imperante en dicha época centraba el origen de la concepción del mundo en el poder humano, es decir, en uno de divinidad de carácter humano (que definió a las diversas divinidades culturales regionales post Chavín y caracterizaba también la racionalidad de los conquistadores españoles europeos que tenían a Jesús como Dios-hombre) dado que ya se había demostrado que el Sol no era el centro del universo como se pensaba ancestralmente y que el padre de Pachacútec, Wiraccocha, era la encarnación viva de dicha racionalidad divina generada a instancias astronómicas evolutivas y del desarrollo del pensamiento asociado.