viernes, 3 de noviembre de 2017

LAS PIEDRAS O PALOS FUNDACIONALES DE DIVERSAS SOCIEDADES HUMANAS EN EL ANTIGUO PERÚ. EL OBELISCO DE TELLO.

Difícil sería determinar la aparición exacta de los primeros grupos humanos como los hombres de Caral más que como una aproximación en el tiempo que se puede lograr según diversos medios como el Carbono 14 y obviamente los restos humanos de aquellos primeros grupos semi o sedentarios.
Caral. La forma parecida a la del Obelisco de Tello no es casual. La forma de cuchillo. Piedra fundacional muy probablemente anterior a Caral pues se evidencian suerte de templos donde el seguimiento del Sol su podría haber hecho con más minuciosidad alejado de los curiosos. En las anteriores primeras comunidades semi sedentarias y semi nómades más pequeñas probablemente se hallara en suerte de plazas públicas, posteriormente se habrían trasladado a las plazas anexas a los templos. Su importancia terminaría al descubrirse que el Sol no es el centro de las cosas sino una estrella más que se mueve. La consolidación de la idea del Dios humano tiraría por los suelos al primigenio “Dios” Sol, es decir, el sentido conceptual de la divinidad per sé emergería recién con ese descubrimiento y por ende marcaría la decadencia de la época dorada Chavín.

Las piedras o palos fundacionales iniciales habrían sido el centro principal sobre el que giraban las decisiones y los actos de dichas organizaciones humanas sean semi sedentarios o semi nómades primigenios. Inicialmente en pequeños grupos humanos, el seguimiento de los movimientos del Sol seria ocupación básicamente de ancianos y ancianas. En esas condiciones eran los implementos considerados como más importantes y especiales para dichos grupos humanos (los tótems de otras culturas foráneas cumplían similar función astronómica-social organizacional). Los primeros no habrían tenido intencionalidad religiosa alguna pero a ellos se les asociaban sus actividades diversas (agrícolas, de comercio, de conflictos) y sus sistemas de creencias que iban construyéndose alrededor de ellas.

El Obelisco de Tello de la cultura Chavín expresa también un carácter astronómico ancestral fundacional de dicha cultura anterior a la función astronómica religiosa del Lanzón Monolítico y al de la Estela de Raimondi. Como ya he explicado en otros artículos, no representa ninguna función divina como muchos intentan aseverar ni mucho menos de ambigüedad sexual alguna como asignársele cuestiones hermafroditas pues solo es el uso metafórico en la ‘jerga’ astronómica interpretativa digámoslo así.

La simbología presente en el Obelisco de Tello denota la concepción específica del mundo Chavín que recogería también las concepciones ancestrales que bien podrían haber sufrido algunas modificaciones conceptuales con el transcurso del tiempo que expliquen la naturaleza de la vida, del universo y de la humanidad. Algo así como el “génesis” de la historia Chavín. En el Obelisco Tello todavía se mantiene la función primigenia de los postes de piedra o madera para el seguimiento del Sol. Mientras iluminaba una de las caras del Obelisco, el hombre más o menos consentido por el poder podría saber cuál de los ‘caimanes’ estaba iluminado, es decir, cuál era la función específica a realizar a nivel social, político y específicamente productivo y comercial. Al tener cuatro caras, las dos caras más delgadas eran iluminadas solo cuando el Sol y la Tierra se correspondían en el equinoccio específico y el Obelisco a grosso modo les servía a los sacerdotes y a los servidores del templo para dar a conocer, a los interesados o direccionados, las ‘revelaciones’ del Dios Sol observadas con más detalle en el templo del Lanzón pues el Obelisco no era preciso en señalar si el Sol al desplazarse por el horizonte en los cerros luego de amaneceres sucesivos se alejaba del centro hacia el norte (junio) y viceversa o hacia el sur (diciembre) y viceversa. La unión o complementariedad de ambos medios ciclos de desplazamiento terrestre alrededor del Sol (medidos por los Chavín tomando como referencia las constelaciones de los 4 jaguares) eran simbolizados en forma de cópula entre el macho y la hembra (que muy probablemente haya sido también la interpretación simbólica conceptual ancestral de las primeras comunidades muy anteriores a Chavín).
Las piedras fundacionales ancestrales a Chavín para el seguimiento del Sol habrían tenido estrecha relación con la primigenia y ancestral constelación del caimán (el seguimiento de la constelación de las Tres Marías) según mi punto de vista propio del periodo del nomadismo humano, asociado a sus vivencias propias de una vida nómade. Sobre ellas se habría configurado la concepción del mundo específicamente en las zonas del ande dado que el seguimiento de las estrellas (constelaciones) en la costa son dificultadas por la presencia constante de nubes y la humedad donde solo el seguimiento del Sol era posible empleando estas piedras rústicas o troncos.
Obelisco de Tello. Las caras de mayor área se correspondían con el desplazamiento de las salidas del Sol por el horizonte sea alejándose de los equinoccios o acercándose. Las caras de áreas más pequeñas o delgadas se correspondían con los equinoccios. Ello determinaba el calendario solar de actividades anuales en Chavín tal y como lo fue desde la época de las cavernas.

Dicho Obelisco habría reemplazado a otras piedras fundacionales rústicas sin simbolismos o litografías mucho más antiguas que conformaron a primitivos grupos humanos locales sedentarios en Chavín de Huántar como en diferentes lugares del antiguo territorio peruano.

La construcción conceptual astronómica del periodo de las cavernas dio paso a la construcción astronómica de grupos humanos más complejos en número y en organización que la mera supervivencia a través de la simple recolección y caza.

La presencia de estas piedras alargadas plantadas en suerte de plazas públicas para el seguimiento del movimiento del Sol fueron puestas por una cuestión de practicidad dado que a través de la observación de la sombra proyectada sobre el suelo durante los días del año solar les podía indicar a los hombres de dichas sociedades primitivas sedentarias el uso del tiempo y de las estacionalidades asociadas para el desarrollo de sus actividades agrícolas y de comercio dirigidos por grupos astronómico-religiosos constituidos para dicha función específica de organización de los grupos humanos unidos por determinados parentescos.

La simple observación visual (medio mucho más anterior a la del periodo de las cavernas) sin el empleo de accesorios materiales sería complementado posteriormente con el uso de accesorios bien de madera (como el tronco de madera del Templo de Pachacamac que los conquistadores españoles con Hernando Pizarro a la cabeza fueron a retirar del suelo donde estaba enterrado pero que no se acabó el mundo como rezaba la creencia antigua y lo quemaron por completo) o de piedra (barretas de oro en la racionalidad Inca como se menciona en la leyenda de la fundación de la sociedad Inca con Manco Cápac y Mama Ocllo).
Detalle del personaje tallado en la parte más alta del poste totémico llamado “ídolo de Pachacamac”. Representa a un mismo ser con dos rostros, símbolo de la dualidad del pensamiento andino prehispánico. Con las disculpas del caso, tomado de: https://es.scribd.com/document/319308451/Pachacamac. El lector podrá darse cuenta la humanización del concepto del origen del mundo explicado astronómicamente en el Obelisco de Tello en Chavín siendo sustituidos todos los astros y cosas involucrados  en el Obelisco en la persona de un hombre como fuerza creadora, generadora de todas las cosas.

La visión simplista y aproximativa de la medición del tiempo o del seguimiento del movimiento del Sol con respecto al horizonte terrestre para determinar el tipo de actividades cíclicas en las primeras organizaciones sociales anteriores a Chavín e incluso a Caral, serían sustituidas por la construcción de habitaciones oscuras que permitían un seguimiento más discreto y cerrado, cuya función específica era la de concentrar el poder político-religioso derivado del seguimiento del Sol y de las estrellas. En Chavín, las piedras fundacionales rústicas así como el Obelisco de Tello habrían perdido su valor aproximativo de la medición del tiempo y solo servirían de meras referencias públicas ilustrativas devenidas en una suerte de adornos públicos. Dicho Obelisco de Tello pasaría a explicar el origen del mundo, de la vida, del universo ya con un carácter desvinculado de su función seguidora del Sol para el común de los pobladores pero no para los sacerdotes puestos al servicio de la clase dirigencial que realizaría los rituales públicos específicos a los periodos de tiempo determinados secretamente en el Templo del Lanzón Monolítico. La iniciación de rituales (tanto en Chavín, en Caral como en otras agrupaciones humanas más anteriores a ellos) fuera de los templos asociados al inicio de las actividades agrícolas causaría un efecto de sosiego en los pobladores que actuaban a expensas de dichas observaciones astronómicas que solo entendían como conversaciones entre los sumos sacerdotes y el Dios, de los que dependían para la disponibilidad de alimentos y la sobrevivencia como grupos humanos en crecimiento. Los actos astronómicos luego derivados conceptualmente en términos religiosos (la construcción del subjetivismo religioso) tendrían una importancia determinante y trascendental en la organización y dirección de las sociedades no solo en el mundo sino también en el antiguo Perú.

En un artículo anterior había planteado que antes del Obelisco de Tello también en Chavín habrían existido versiones de piedra rústica fundacional que habrían organizado a los primeros grupos humanos asentados en dicho lugar que posteriormente adquirirían un nivel de complejizamiento acorde a sus necesidades. Alrededor de dichas piedras fundacionales es que se habrían construido sus propias versiones conceptuales del origen de su mundo (sino del mundo) según sus propias experiencias de vida. El Obelisco de Tello tendría la intensión de socializar dichos conocimientos o sistema de creencias y perdurarlos a través del tiempo; no habría tenido ninguna vinculación de carácter divino aunque servía para validar dicho propósito astronómico-religioso. Todo lo que se simboliza sobre dicho Obelisco de Tello es un constructo cultural de los hombres de Chavín que se extendió por el antiguo Perú y sirvió para influenciar y definir la racionalidad religiosa de aquellos tiempos.

Posteriormente ha dicho Obelisco, cualquier esquina, muro o lo que fuera posible concebir, podría ser utilizado para el seguimiento del Sol del que el Intihuatana Inca tiene probablemente similar propósito (como se dice de “atar” la Tierra y el Sol y/o viceversa). En las piedras fundacionales de los asentamientos humanos no habría existido una función de sacrificio humano ni animal, pues ese no era el propósito de aquellas.


Sobre ese “gran caimán volador que nada sobre la gran agua estelar” detallado en el Obelisco de Tello es que todos los seres vivos en general (la Tierra, nuestro mundo) vamos montados, nos desarrollamos, nos alimentamos, y reproducimos. Hembra para una estación semi anual con sus actividades específicas asociadas a la coyuntura chaviniana y macho para la estación complementaria que configura un ciclo o año solar. Los pututos probablemente (a manera de “edictos”) anunciaban la decisión de los hombres del templo para comunicárselo a los pobladores o a los visitantes a pedidos específicos para realizar determinadas actividades temporales.
Más que probables símbolos de alguna hipotética escritura chavinoide presentes en el Obelisco de Tello, son fragmentos simbólicos de ideas concretas, productos, animales, eventos sociales o astronómicos relacionados a su diario vivir. De haber sido las muestras del nacimiento potencial de alguna forma de escritura, el secretismo centralista del poder pudo haber obstaculizado su desarrollo.